Vivimos en una sociedad de píldoras.
Somos personas que padecen deseos, dolores, tristeza, impotencia, aburrimiento. Para cada una de estas enfermedades hay una solución sintetizada; un espacio comprimido que nos tragamos con un vaso de agua. En una u otra forma todos somos adictos.
Nuestra sociedad nos ha enseñado a aliviar las molestias como quien tapa un hueco en un balde lleno de agua con la punta del dedo. Las píldoras siempre nos llevan y nos traen de vuelta, su temporalidad es la de la inmediatez.
El placebo, la droga psiquiátrica, la droga psiquiátrica mezclada con alcohol, la aspirina; en la píldora se encuentran las realidades más sutiles con las más concretas.
La imaginación y la anestesia.
¿Será que necesitamos una contundente y sincera sobre2is de todo lo que nos chuteamos día a día para satisfacer de una vez por todas ese profundo deseo reprimido que nos duele todas las mañanas antes de salir a la rutina?
